Veneno en las entrañas

Stewart Granger y Jean Simmons, amo y criada en la ficción cinematográfica basada en el relato de W. W. Jacobs La interrupción

FOOTSTEPS IN THE FOG (Pasos en la niebla, Arthur Lubin, 1955)

SOLÍA Jorge Luis Borges surcar las múltiples autopistas de la literatura y, de pronto, tomar un desvío para adentrarse en carreteras secundarias, caminos poco transitados, olvidados atajos, todo para encontrar una rara flor, un escritor funámbulo, un relato perdido. Uno de los autores rescatados por la intuición borgiana fue el británico William Wymark Jacobs, responsable del inquietante relato La pata de mono, en el que también había reparado Lovecraft y que con toda justicia ha hecho fortuna entre los aficionados al género fantástico.

Seamos nosotros, por lo menos, tan curiosos como Borges y viajemos al año 1955 para encontrar una película que ha pasado casi inadvertida para la crítica y que tiene como base literaria una de las historias de Jacobs: La interrupción. Se trata de Footsteps in the Fog (Pasos en la niebla), una producción anglonorteamericana protagonizada por actores británicos y distribuida por Columbia, poco dada a los dramas de época, por entonces patrimonio de Metro-Goldwyn-Mayer.

El punto de partida de este “thriller” victoriano no puede ser más interesante: el respetado caballero Stephen Lowry (Stewart Granger) acaba de perder a su mujer en extrañas circunstancias y, después de recibir los consabidos pésames en el cementerio, se retira compungido a su hogar, no para llorar a su amada, sino para disfrutar de la recién adquirida libertad. Lejos están sus amigos y la policía de sospechar el modo criminal en que la Sra. Lowry ha sido “despachada” al otro mundo. Pero siempre hay un testigo molesto. En este caso es una criada con apariencia de mosquita muerta,  Lily Watkins (Jean Simmons) que chantajea amablemente a su señor, no sólo para hacerse el puesto de ama de llaves, sino para tejer su particular tela de araña amorosa en torno al caballero.

La  familiaridad forzada que entablan hombre y mujer da pie a un apasionante duelo en el que el señor trata de borrar la huella de su pasado criminal mientras la intrigante criada intenta afianzarla para así poner cerco al viudo, que trata por todos los medios de disolver la tácita sociedad. Este juego de gato y ratón burlándose recíprocamente en torno a un frasco de veneno, da pie a excelentes escenas como aquella en la que Lowry sigue a su sirvienta por las neblinosas calles de Londres con el fin de darle el oscuro billete para el más allá.

Parece mentira que el californiano Arthur Lubin, director de talento regular, logrará armar de forma tan brillante este cuento cinematográfico que en su filmografía está precedida por varias películas al servicio de la mula Francis (hasta media docena de títulos rodó para el animalito) y que puede catalogarse sin problemas como su obra más lograda junto a la vistosa película de aventuras Estrella de la India (1954), el sólido film noir Impacto (1949) y, bajando ya varios peldaños, la versión de 1943 de El fantasma de la ópera.

Claro que Pasos en la niebla no sería la película que es sin sus formidables diálogos (en el guión colaboraron las veteranas guionistas Lenore Coffee y Dorothy Davenport, dos de las grandes pioneras de Hollywood) y, sobre todo, sin  las extraordinarias interpretaciones de Jean Simmons y Stewart Granger. En sus gestos y miradas (¡qué gestos y qué miradas!) se reflejan no sólo la diferencia de posición social, sino su distinta educación y la forma solapada en que uno y otro instrumentalizan el matrimonio para servir a sus propios fines. Una película a descubrir. ♠

4 comentarios en “Veneno en las entrañas

  1. Buenos días, José Andrés:
    Encontrarme con este blog ha sido una sorpresa y un placer.
    El impacto que me produjo la lectura de “Dreyer” cuando se publicó (lo que señalas en la parte de Publicaciones me confirma lo que sospechaba: que no era, en absoluto, el único) provocó que buscara (con poco éxito) otros textos tuyos y que lamentara que no escribieras en revistas cinematográficas.
    Poder leer tus nuevos escritos, conocer los antiguos y, quizás, debatir contigo va a suponer, como diría Borges, una forma de felicidad.
    Y por si fuera poco, das la noticia de que llevas avanzada la escritura de un libro sobre Sjöström.

    Voy a tratar de conseguir cuanto antes la película de Lubin.

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    • Hola, Rodrigo:
      Sé bienvenido a la que desde ahora es tu casa. Tus palabras no solo representan un gran estímulo, sino que me obligan a estar a la altura. Tendremos ocasión de intercambiar puntos de vista, claro que sí. En cuanto a «Pasos en la niebla», no puedo enlazar, pero dispones en la Red de un notable WEB-DL al que supongo que se le podrán acoplar alguno de los varios subtítulos circulantes. Vendrán más textos en las próximas horas. Lo dicho: bienvenido. Es un placer tenerte aquí.

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