Mal de altura

Ante el abismo: Sister Clodagh (Deborah Kerr) en una espectacular imagen debida a Jack Cardiff, uno de los artífices del filme basado en la novela de Rumer Godden, publicada en 1939

BLACK NARCISSUS (Narciso Negro, Michael Powell & Emeric Pressburger, 1947)

LA LITERATURA DE TEMA HINDÚ escrita por británicos, y más exactamente la que aborda las relaciones entre ingleses y nativos durante la época colonial, tiene en Rumer Godden a una de sus voces menos conocidas. Su fama pertenece al pasado, como la propia India descrita en sus obras, pero la autora de Sussex aún conserva parte de su popularidad gracias a las adaptaciones que el cine hizo de varias de sus novelas, en particular la olvida y excelente Enchantment (Hechizo, Irving Reis, 1948), Black Narcissus (Narciso negro), producida por Michael Powell & Emeric Pressburger en 1947, y The River (El río), dirigida en 1951 por Jean Renoir.

Sus recuerdos de la India, escenario de estas dos últimas, discurren por el interesante documental Rumer Godden: An Indian Affair (1995), debido a Sharon Maguire (sí, la responsable de El diario de Bridget Jones) e integrado en los extras de la edición Criterion de El río, aún disponible. Para su realización, Godden volvió al país que abandonó en 1945 y en el que ambientó sus ficciones más célebres, Narciso negro (1939) y El río (1946), separadas por una guerra.

Pese a los reproches formulados en su día por la autora, la versión cinematográfica de Narciso negro hubiera debido halagarle tanto como la de El río , en cuyo guión colaboró. Ambas son obras maestras absolutas, ennoblecidas por el paso del tiempo, un motivo consustancial a las narraciones de Godden. Pero mientras en la película de Renoir predomina el curso, el eterno fluir de las cosas, en la de Powell y Pressburger es el cauce, en este caso el lugar, el que cobra una importancia desusada.

La fortaleza de Mopu es el escenario donde acontece este relato protagonizado por un grupo de monjas anglicanas encabezadas por la hermana Clodagh (Deborah Kerr). Las religiosas deben convertir el baluarte en colegio y hospital, una tarea que enseguida choca con los usos y supersticiones de la población, pero sobre todo con la enrarecida atmósfera del lugar, elevado sobre las cumbres nevadas que dominan el valle, cortado por vertiginosos taludes. Ejerce como mediador el agente del general Rai Toda en Mopu, Mr. Dean (David Farrar), un macho que se conduce con perfecto desdén, soliviantando en más de un sentido a las monjas.

El diálogo entre ambas culturas está lleno de contrastes. El más evidente es el distinto sentido de la educación que guía a hindúes y británicos, cuyas discrepancias se suceden a media voz. El más sutil viene dado por los instrumentos musicales cuyos sonidos ceremoniales confluyen de forma imprevista; así, el tañido de las campanas de la misión es respondido por el prolongado bordón de las trompetas reales, que viaja por el valle como un bramido.

Constituye el núcleo tematico del filme la vida de las religiosas, plagada de dificultades, acentuadas por la sensualidad acechante del lugar, oníricamente suspendido en la cordillera del Himalaya. La misión fue antes serrallo, y por sus muros trepan insidiosos fantasmas mezclados con la húmedad y los aromas de la selva (también con los espectros del pasado, como revela el «flashback» en el que Clodagh recuerda con tristeza su pasado secular, la agridulce experiencia del amor mundano). Pero a la película afloran, además, varias subtramas que en apariencia no se cruzan (o se rozan ligeramente) con el avatar de las monjas, entre ellas el romance de dos opuestos, la paria Kanchi, interpretada por una jovencísima Jean Simmons, y el pequeño general, encarnado por Sabu, icono del cine de aventuras coloniales, que aquí representa al príncipe de los cuentos orientales, otra emanación del sueño.

Respaldados por Jack Cardiff, cuya fotografía en color escapa a todo elogio, Powell y Pressburger exploran visualmente el mundo de los deseos ocultos, tejiendo una sutil red de correspondencias entre los personajes. Lo que estos no expresan es a menudo más revelador que lo que exteriorizan. Valga como ejemplo el rápido, nervioso raccord de miradas que une a Mr. Dean, la hermana Clodagh y la hermana Ruth cuando esta –el rostro bañado en sudor, el hábito manchado de sangre– entra como una exhalación en el despacho de la superiora. Disimulando su turbación, Clodagh reacciona con firmeza, poniendo orden, ejerciendo el mando, mientras Dean y el espectador (tácitamente alineados) advierten que en el rostro excitado de la joven hay algo raro que lucha por insinuarse. Algo parecido a una sonrisa.

No menos admirable es el uso dramático del paisaje, máxime si se tiene en cuenta que la mayor parte de la película fue rodada en los estudios ingleses de Pinewood. Si no existiesen los personajes, la historia que cuenta Narciso negro podría ser colegida a través de los elementos naturales: el viento que mece las cortinas al anochecer; la lívida aurora, semejante a la floración de la nieve; la floresta, tentacular y exuberante, o las grandes hojas sobre las que caen las primeras gotas de la estación de las lluvias al final de la película.

También puede ser entendida la historia a través del combate que entablan dos colores: el azul y el rojo. Azul de las aguas insalubres, de los cielos altos, del aire atravesado por ecos del mundo sobrenatural. Rojo de la carne, de las hendiduras, de los cuerpos y objetos sobre los que el mal proyecta una luz irreal. Así lo revela ese inolvidable momento en el que la hermana Clodagh hace sus abluciones en un pequeño estanque de piedra y la cámara recoge, en picado, el insano reflejo de la luz escarlata sobre las aguas.

En términos visuales y dramáticos, la película alcanza su apoteosis en la escena en la que Clodagh vela junto a la hermana Ruth, poseída ésta por una furia demoniaca que Kathleen Byron –labios rojos, ojos inyectados en sangre– interpreta de forma estremecedora. Ambas se miran, enfrentando sus imágenes como en un espejo. Un duelo nada maniqueo que se salda con la muerte de la réproba, dada a través de los pájaros que huyen de la espesura, cuya tumba floreada se ha abierto para recibir el cuerpo de la mujer, precipitada al abismo.

Antes que una película del género “misioneros en Oriente”, Narciso negro es un cuento fantástico, refinado y cruel, sin duda una de las joyas del cine visionario y, para mi gusto, el mejor trabajo de la pareja artística formada por Michael Powell y Emeric Pressburger. ♣

Para quienes deseen profundizar en la obra:

http://www.tiempodecine.co/web/humanas-demasiado-humanas/

6 comentarios en “Mal de altura

    • Para más adelante (pero no pasará de este año). Lo que algún día habría que acometer es un estudio sobre los antecedentes y la herencia de «Vértigo», película que se encuentra no solo citada en muchos títulos posteriores a su realización (lo que resulta lógico) sino misteriosamente anunciada en otros muchos, de diversas épocas y latitudes, como si la historia del cine se hubiera encaminado hacia ella por distintos caminos.

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  1. Es muy lógico que se cite en cantidad de artículos y estudios cinematográficos., Ya que Vértigo es un referente absoluto . Toca absolutamente todos aquellos aspectos del ser humano , tanto del consciente como del subsconsciente..
    Los miedos , las fobias, lo onírico, los amores imposibles y fantasmagóricos, el retorno al pasado que se escabulle implacable. Absolutamente escultórica en cuanto a la belleza deseada ….sus ropas y tobillos y arquitectónica mostrándonos ese San Francisco del que yo ya no me lo imagino de otra manera.
    Pictórica y esa música llevada hasta la extremo y casi agónica y no sigo…, y esos títulos de crédito , inolvidables …anunciando lo que nos viene encima cuando empieza esa auténtica obra maestra.. TREPIDANTE
    ESPERAMOS UN ARTÍCULO SOBRE VERTIGO O VERTICAL MUY PRONTO

    Ahora voy a leer Narciso Negro con mucha calma.. gracias

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    • Intentaré adelantarlo a petición del público. Sin duda, «Vértigo» es un astro en torno al que orbitan muchos planetas. Quienes han viajado a San Francisco me dicen que conserva impresa la huella del filme, algo parecido a lo que se sucede, en otra escala, con «Muerte en Venecia» o «El tercer hombre».

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