Siete forajidos

El ex sheriff Ben Stride, encarnado por por el gran Randolph Scott, emprende la persecución de los hombres que mataron  su esposa en una de las películas clave del «western»

SEVEN MEN FROM NOW (Tras la pista de los asesinos, Budd Boetticher, 1956)

ANTES QUE NADIE fue André Bazin quien supo valorar la grandeza de este “western”, primero de los siete que el actor Randolph Scott rodó a las órdenes de Budd Boetticher, director que falleció en 2001 dejando tras de sí numerosos proyectos que nunca llegaron a realizarse (varios de ellos relacionados con el mundo taurino, su primera vocación).

Eso perdió el cine, porque dichos “westerns” y algunas películas negras –en especial, The Rise and Fall of Legs Diamond (La ley del hampa, 1960)– demuestran que el largo ostracismo de Boetticher era un lujo que la cultura norteamericana no podía permitirse.

Seven Men From Now es la más telúrica de las obras que integran el ciclo Ranown, acrónimo que reúne a los productores Randolph Scott y Harry Joe Brown, si bien la película fue por financiada por Batjac, la compañía de John Wayne. El título alude a los siete bandidos que el ex marshall Ben Stride se dispone a matar para vengar la muerte de esposa, víctima del atraco a las oficinas del ferrocarril en Silver Springs.

Escrita por Burt Kennedy, la película contiene todos los elementos que la dupla Boetticher-Scott desarrollará en los títulos por venir. El más importante afecta a la personalidad del héroe, un hombre solitario, adusto, lacónico, que suele cargar con algún remordimiento y que resuelve las situaciones difíciles con un pragmatismo casi ascético.

Ningún protocolo informa acerca de su carácter. En la primera escena, Stride irrumpe en el refugio improvisado por dos jinetes que, aparentemente, hacen la misma ruta que él. De pronto, entre los anfitriones y el forastero se crea una rara tensión, espacial, verbal, anímica. Como no se le ha puesto en antecedentes, el espectador parte en desventaja: ignora quiénes son unos y otros, y asiste al duelo sin tiempo para tomar partido, formarse una opinión o posicionarse éticamente.

Iremos atando cabos a medida que Stride actúe (no para la cámara, ciertamente, sino para los otros personajes). Si no se reflejasen en el prójimo, los motivos del protagonista quedarían implícitos; colegiríamos que es hosco e insociable (es lo que se desprende de su relación inicial con los Greer, impresión apenas atenuada por la atracción que siente por la mujer, interpretada por la maravillosa Gail Russell) o moralmente ambiguo (tras su primer encuentro con el desalmado Bill Masters –un perfecto Lee Marvin–, cualquiera deduciría que hay una secreta afinidad entre ellos, como la hay entre los antagonistas de algunos “westerns” de Anthony Mann y John Sturges).

A su modo malévolo y brutal, Masters escarnece a Stride, situación que se repetirá con alguna variante en The Tall T, uno de los mejores títulos de la serie. Al igual que aquí, la mujer es un bien que debe ser defendido (con la inteligencia primero, con las armas si no queda otro remedio) y, como en Buchanan Rides Alone, Ride Lonesome y Comanche Station, el personaje de Scott administra el uso de la fuerza para no malgastarla. En el desierto, la violencia es como el agua.

Siguiendo el mismo principio ahorrativo, Boetticher niega al espectador el esperado plano en que Stride desenfunda para liquidar al villano. Se nos muestra a Masters recibiendo el fatal balazo, en un contraplano cuya imagen causal es elidida y que, por ello, resulta inesperadamente dramático, sin que experimentemos triunfo o alivio por la extinción física del pistolero.

Con el paso del tiempo, los “westerns” de Boetticher irán tornándose cada vez más secos, más abstractos. Por contraste con ellos, Seven Men From Now es una película de sofisticada transparencia visual (gracias en parte a la fotografía de William Clothier), rica en hallazgos que pasan desapercibidos debido a la naturalidad de su mirada cinematográfica, también a la lograda interacción entre el actor y el relato, que se contagian mutuamente su parquedad. Uno de los mejores ejemplos se halla en el encuentro con los guerreros chiricahuas: estos se materializan de forma horrible ante los viajeros; sin mediar palabra, Stride suelta uno de los caballos anticipando el prólogo de Comanche Station y, tras aceptar el obsequio, los indios y sus monturas se disuelven en el paisaje como si se los tragara una nube de polvo. ♠

5 comentarios en “Siete forajidos

  1. La serie de westerns de Boetticher marca, junto con los de Fuller, un camino para el género opuesto al que surge de «La diligencia» y «Río Rojo» y en estos años culminaba con películas como «El hombre de Laramie» o «The searchers»: un estilo de narración rápida y simple, concebida como un diagrama casi geométrico, en la que los gestos y rituales tienen más importancia que la «profundidad psicológica». Este camino de vuelta a los orígenes del género se revelaría, a la postre, más influyente que la vía «adulta» tomada por los viejos cineastas clásicos y algunos menos viejos como Mann, y sin embargo la fama de los epígonos ha sepultado a la de los iniciadores, al menos para el gran público. Por eso, nunca está de más recordar que «Seven men from now» es una película perfecta y, como alguien dijo, muestra que Boetticher no está lejos de Bresson.

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    • Supongo que la comparación de Boetticher con Bresson se sustenta sobre la extrema parquedad de los recursos empleados, pero lo cierto es que no me imagino al director de «Arruza» reduciendo una escaramuza a las pezuñas de los caballos. Eso sí, habría dado algo por ver un «western» dirigido por el francés, como he soñado alguna vez con la adaptación de Faulkner por Dreyer.

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    • Scott comenzó como galán (era muy guapo), pero pronto su rostro, su fisonomía, fueron asimilados por el «western». La música del «western» es un terreno muy amplio, casi como el propio género. La de los «westerns» de Boetticher, a menudo a cargo de Heinz Roemheld, suele ser funcional, discreta, poco llamativa, pero eficaz, bastante mejor que la estruendosa y seudoépica que hoy se escucha en las salas.

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