Cerca de las estrellas

Janet Gaynor y Charles Farrell, una de las grandes parejas de la historia del cine, en una de las cumbres indiscutibles de Frank Borzage, rodada para la Fox en las postrimerías del mudo

7th HEAVEN (El séptimo cielo, Frank Borzage, 1927)

«NO MIRES HACIA ABAJO, SIEMPRE HACIA ARRIBA». Con estas palabras, un humilde pocero trata de devolver el amor propio a una chica del arroyo en 7th Heaven (El séptimo cielo), una de las obras maestras del cine. Es además el primero de los seis títulos que Frank Borzage rodó para la Fox con el actor Charles Farrell y que, en el tránsito del mudo al sonoro, constituyen uno de los ciclos más apasionantes de este arte, ciclo que completan Street angel (El ángel de la calle, 1928), The River (Torrentes humanos, 1928), Lucky Star (Estrellas dichosas, 1929) y Liliom (1930), a las que sigue, para mí en un peldaño inferior, After Tomorrow (Pasado mañana, 1932).

De todas ellas, El séptimo cielo es la que más cercana al cuento de hadas, por más que el punto de partida recuerde las novelas de Zola. Diane (inolvidable Janet Gaynor) vive en un cuchitril de Montmartre junto a su hermana, la arpía Nana (Gladys Brockwell), que la amenaza con el látigo si no consigue absenta a cambio de los objetos robados en la calle. Entretanto, un príncipe de alcantarilla (Chico: Charles Farrell) limpia los laberintos subterráneos. Diane es huérfana y ha sobrevivido gracias al robo y la prostitución ocasional. Chico no tiene más familia que sus amigos del suburbio y sale adelante gracias a su brega en las cloacas. Diane ha perdido el amor por la vida; Chico conserva intacta esa ilusión a pesar de las dificultades y de que el «Bon Dieu», en quien antaño confió, le hizo despilfarrar diez francos al no concederle sus dos únicos deseos: un trabajo a pie de calle y una esposa.

Borzage parodia con ternura las convenciones del melodrama, al igual que hizo Henry King en la menospreciada versión sonora, rodada diez años más tarde con James Stewart y Simone Simon como protagonistas, y que cada vez encuentro mejor. Para impedir que Diane sea detenida en el curso de una redada, Chico la desposa verbalmente. Se inicia así una secuencia de acontecimientos que simulan los ritos de boda: Chico acepta por esposa a Diane ante el agente de policía que viene a detenerla; una vez amonestados, los dos «cónyuges» parten en luna de miel a bordo de Héloïse, un destartalado taxi que hace las veces de calesa nupcial mientras que Papa Boule (Albert Gran), el chófer orondo y borrachín, ejerce de postillón; por último, hombre y mujer, hasta hace poco desconocidos, se instalan en el ático del primero para pasar su noche de bodas con la promesa de que ella abandonará el lugar tan pronto como la policía verifique la cohabitación.

En lugar de señalar al destino como culpable de este giro, Borzage se hace cómplice de él. La llegada al edificio donde vive Chico se da a través de una soberbia fantasía cinematográfica en la que la cámara, primero instalada en una «dolly» y luego en un elevador, sigue a la pareja a través de una lóbrega galería y luego, en trávelin vertical, los muestra subiendo por la escalera que conduce hasta el séptimo piso, donde el ingenuo pocero vive y sueña «cerca de las estrellas».

A lo largo de este filme de belleza incandescente, el anhelo amoroso se expresa a través de la idea de la ascensión: mirar hacia arriba, remontarse hacia una esfera superior, situarse por encima del mundo. En ningún momento Chico y Diane cruzan reproches sobre su pasado; para eso está la moral dominante, representada en los parientes burgueses de la chica que, como en un relato de Maupassant,  exigen al pobre haberse conservado puro y decente. Antes de regar las calles, Chico ha estado en contacto con las heces; Diane se ha visto forzada a corromperse. Pese a ello, los dos desheredados hacen tábula rasa de sus experiencias. Ahora se tienen el uno al otro y esa certeza sublima las tristezas del ayer. Su amor es más fuerte que la conciencia, más fuerte incluso que la guerra, que solo los podrá separar físicamente.

Si Haydn se superó gracias al ejemplo sinfónico de Mozart, Borzage imprimió un giro decisivo a su estilo cinematográfico tras la llegada a Estados Unidos de F. W. Murnau, que iba a rodar para el mismo estudio su genial Sunrise (Amanecer). Cuenta la leyenda que los últimos días del rodaje de esta película coincidieron con los primeros de El séptimo cielo, de hecho Janet Gaynor (extraordinaria a sus 21 años) rodaba de día para Murnau y de noche para Borzage.

Muchos interiores de 7th Heaven están concebidos a la manera de Murnau, con un espacio que va abriéndose desde el fondo del encuadre hasta el primer plano, así en ese inolvidable momento en el que Diane, vestida de blanco, aparece en el umbral de la ventana, idealizada ante Chico, que se dispone a partir al frente. Los ojos del hombre se llenan con la visión del ser amado, imagen que en la hora final le guiará a través de la muchedumbre y las tinieblas. ♠

También sobre Borzage en las prostrimerías del mudo:

https://navegandohaciamoonfleet.wordpress.com/2017/11/03/lucky-star-frank-borzage/

 

 

 

2 comentarios en “Cerca de las estrellas

  1. Me alegra que hayamos coincidido en Borzage, lo que demuestra una vez más que el amor (en este caso por sus películas) produce extraños milagros.
    En «El séptimo cielo» hay muchas cosas admirables, pero creo que pocas revelan mejor la peculiar cualidad de Borzage como director que, en la escena en que Chico sabe antes que Diane que va a partir para la guerra, la forma en que el reloj se oculta primero (en los extremos del encuadre, tapado por el rostro de él o por un pilar de la buhardilla, como si Borzage quisiera esconder al personaje de Diane el poco tiempo que les queda), y se revela al final de forma implacable, encima de la cabeza de ella, como si la aplastara.
    El ascenso de la cámara por las escaleras, primero siguiendo a la pareja y luego solo a Chico hasta la buhardilla, me recuerda la secuencia también repetida del ascenso a la escalera (resuelta técnicamente de forma muy distinta) en «Cuando pasan las cigüeñas», la película de 1957 de Kalátozov sobre la Segunda guerra mundial: la historia del cine guarda extrañas recurrencias.

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    • El amor que tiene las horas contadas ha producido algunas de las películas más hermosas y conmovedoras, una de las cuales es esta; también, por supuesto, «Tiempo de amar, tiempo de morir», en la que la guerra hace frente común con el tiempo. No tengo fresca «Cuando pasan las cigüeñas», en todo caso creo que Borzage influyó muchísimo y de forma muy evidente en cineastas de todo el mundo, pienso en los asiáticos y, especialmente, en los chinos. Y en cuanto a la escalera, ¿a qué nos recuerda esto?

      La ascensión de Chico

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