Epifanía del recuerdo

Frente al paisaje: Margarita Terekhova, la madre recordada, divisa la llegada del profesor Forensic (Anatoliy Solonitsyn), en la película central de la filmografía tarkovskiana

ZERKALO (El espejo, Andréi Tarkovski, 1975)

DESEARSE DE NUEVO EN LA INFANCIA PARA VERSE EN EL FUTURO. Este es el principio seguido por el director ruso Andréi Tarkovski, quien en Zerkalo (El espejo) decidió emprender una evocación autobiográfica en toda regla, centrada no tanto en sí mismo como en su familia y no tanto en ella como en su madre, encarnada por Margarita Terekhova, que se desdobla a lo largo de la película como Natalia y María, las respectivas madres de Ignat y Alekséi (Ignat Daníltsev).

Sabido es que Tarkovski acariciaba este proyecto desde mediados de los 60, cuando estaba inmerso en la producción de su obra maestra, Andréi Rubliov (Andrei Rublev, 1966), de hecho quiso rodarlo a continuación, en lugar de Solaris (1972). Todavía entonces la regla que debía seguir todo creador de la extinta Unión Soviética era la de producir para la colectividad, marginando cualquier inquietud de índole personal. Lejos de sentirse coaccionado, Tarkovski, quien ya había chocado con los comisarios culturales del régimen comunista a cuenta de los mencionados títulos, transgredió la consigna, poniendo todo el énfasis en el carácter poético –no utilitario– de su evocación.

Es cierto que en esa mirada retrospectiva hay aspectos discutibles, el mayor de los cuales pudiera ser la periódica inclusión de los versos del padre del director, representado en el filme por Oleg Yankhovskiy.(1) Sin embargo, un “exceso” semejante es compensado mediante inflexiones poéticas de gran belleza y hondura, así el misterioso golpe de viento que abre paso a una fuerza invisible a través del bosque. El hijo de Masha (Maria) se despierta sobresaltado y la cámara, siguiendo su corriente de pensamiento, se traslada al exterior de la dacha para registrar ese fantasmal movimiento llegado del corazón de la espesura, movimiento que Tarkovski interpreta como un anuncio del regreso del padre.

Pese a que el director de Zavrazhie renuncia a todo propósito narrativo, también aquí, como en todo su cine, existe un relato, algo que fluye de forma misteriosa y que, como los árboles y los ríos, avanza describiendo ramas, cursos, meandros. El carácter misceláneo de su rememoración le permite abrir, en aparente desorden, su cofre de recuerdos, entreverados con los de su coguionista, Aleksander Micharin, quien a lo largo de casi una década mantuvo viva la llama del proyecto y espoleó de varias maneras a Tarkovski, entre ellas poniéndole frente al espejo literario de Vasili Grossman, acicate mayúsculo.

En las remembranzas de ambos se mezcla desde el avatar individual (Masha acude desalada a la oficina para corregir una errata, episodio ordinario que para mí es uno de los más bellos del filme, con la madre recorriendo, bajo una luz cruda, calles invernales y lóbregos corredores) hasta retazos documentales que hacen alusión a los “niños de la guerra” procedentes de España o al avance del Ejército Rojo por la castigada Crimea para neutralizar la ofensiva alemana. El sitio de Leningrado y los obligados desplazamientos de la población también encuentran asiento en la mirada del director, que vuelve a recurrir a la aleación de agua y fuego para expresar el misterio de una existencia acechada por las fuerzas elementales que han acompañado al hombre desde el principio del mundo.

No es casual que esta película ocupe el lugar central en la filmografía de Tarkovski. El espejo guarda, además, una secreta relación con Muriel de Resnais, quien también hurgó en la memoria del siglo para extraer sus tesoros de conmoción y tristeza. ♠

(1) A los interesados por la vida y la obra de Arseny Tarkovski les sugiero la visita a un excelente documental, Malyutka-zhizn (Presencia eterna), culminado en 2004 por Viacheslav Armihanian.

6 comentarios en “Epifanía del recuerdo

  1. Otros directores ya habían hecho, dentro de la industria, películas concebidas como autorretratos (Chaplin, Truffaut, Fellini, Bill Douglas), pero lo sorprendente de Tarkovsky es que lo consiguiera en un sistema como el soviético: un esfuerzo casi heroico que dice mucho sobre la fuerza de voluntad del cineasta.
    Hace mucho que no veo «El espejo», pero recuerdo bien las escenas e imágenes que destacas; esto prueba el triunfo de la película, que, como todo empeño de riesgo, hay que juzgar por sus logros antes que por sus deficiencias.

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    • Como sabes, los autorretratos o autobiografías comportan el riesgo (acentuado en el caso del cine) de parecer pretencioso a ojos de la crítica, muy vigilante con los ombligos. Sin embargo, a las autoridades soviéticas les incomodaba menos el carácter personal de las memorias tarkovskianas que su libertad formal y estructural. Al revés de lo que me sucede con las dos películas que la preceden en su filmografía, no todo me subyuga por el igual en «El espejo», pero sí la sensación de tristeza que transmite en algunos momentos puramente visuales, en los que no hay comentario «poético» de fondo y sin embargo aflora una poesía sobrecogedora, recóndita.

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  2. Tienes razón, y creo que Tarkovski y Micharin acertaron al mezclar las circunstancias personales con las de la «Historia» en un sentido más amplio. De todas formas, también hay que recordar que la poesía es el último refugio en tiempos de penuria, y que el cine ruso (fuera ya del periodo de la vanguardia) contaba con una tradición, desde Donskoi hasta las películas finales de Dovjenko y Solntseva, en la que se integran Tarkovski, Paradjanov o Pelechian, entre otros.

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    • El último refugio, cierto… Que se lo digan, por ejemplo, a Anna Akhmatova. Y en efecto, Tarkovski no cayó del cielo, como tampoco su discípulo Sokurov, que aparecerá por aquí en breve. Donskoi es para mí el eslabón que une el cine salido de la revolución con los modernos poetas a los que te refieres: rodó a lo largo de seis décadas y en casi todas hizo grandes películas.

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  3. Es mi favorita de Tarkovski junto con Sacrificio. Como bien indicas, sobre un mínimo relato el film fluye con un ritmo interno lleno de misterio y poesía. Hay películas que mejor es verlas que intentar explicar su argumento. El espejo es un viaje familiar hacia el pasado desde la nostalgia del presente.Pueden sobrar los versos del padre pero la película es tan personal que para Tarkovski tienen que estar. Son el alma de su padre. Hay un punto que no se suele señalar sobre los films de Tarkovski. Me refiero a los pésimos subtítulos. En mi conocimiento sobre ruso con relación a su gran proximidad con el polaco los subtítulos son a veces abstractos. Un saludo

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    • Muy cierto: recuerdo haberme desesperado mucho con algunos subtítulos españoles de «Andrei Rublev» (al borde de lo incomprensible), no digamos ya con los de «Stalker», que convierten una gran y compleja película en una insufrible pedantería. Me temo que quienes subtitulan (y sobre todo los que lo hacen tan mal) son en cierto modo responsables del concepto que los espectadores y la crítica tienen de determinadas películas, particularmente las producidas fuera de la órbita anglosajona.

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