Busca tu refugio

Alison (Claire van der Boom) rescata de las aguas al sensible Henry (Bill Skarsgård) en una escena perteneciente al segundo largometraje de la directora californiana Alison Eastwood

BATTLECREEK (Alison Eastwood, 2017)

CUANDO ABANDONAMOS BATTLECREEK al final de la película que lleva su nombre pensamos que ahora, tras los créditos, se iniciará la “road movie” que llevaba dentro. La conclusión es a la vez verdadera y falsa; verdadera porque vemos cómo la pareja protagonista se pone en camino; falsa porque en realidad el viaje comienza antes, cuando los personajes se conocen en ese pueblo perdido del sur de los Estados Unidos, eventual refugio para ella, claustro para él.

Significativamente, la historia está comprendida entre dos acciones realizadas por uno de ellos, el joven Henry (Bill Skarsgård), obligado a evitar la luz del sol a causa de una extraña enfermedad cutánea. Al principio lo vemos andar solo, de noche, valorando con la mirada las escenas que tienen lugar al otro lado de las vallas, los porches y las ventanas. Lo mismo ocurrirá, pero en sentido contrario, cuando desde la ventanilla del coche conducido por Alison (Claire van der Boom), despida a sus conciudadanos sobre el fondo rememorativo de los versos de Robert Frost, que hasta ese momento le han acompañado.

Cuesta creer que Alison Eastwood haya tardado tres años en estrenar esta su segunda película. Su opera prima, Rails & Ties, de 2007, ya era lo bastante prometedora como para augurar un pronto y feliz reencuentro con las cámaras, cita que se ha demorado en exceso, cabe suponer que debido a motivos personales de la directora, ocupada en organizar su vida. Lo cierto es que el tiempo transcurrido entre el rodaje de Battlecreek y su estreno, el pasado noviembre, desmonta la teoría de que ser hijo de alguien influyente ayuda a progresar enseguida (hablamos, claro está, del mundo anglosajón, no de nuestro bochornoso reino del enchufe y la “recomendación”). Por eso, y por la vocación independiente de sus autoras (Battlecreek es también la segunda obra de su guionista, Anthea Anka, hija del cantante Paul Anka), se infiere que la película ha tenido que defenderse sola; que lo hará de todas formas, sin beneficiarse de amparos o publicidades espurias, y eso a pesar que su directora admite que para ella “no existe el anonimato”.

¿No gozaba de tanto predicamento el cine independiente? Todavía me pregunto qué tiene de anómalo Battlecreek, por qué habría de resultar menos comercial o apetecible para el público que I Walk the Line (Yo vigilo el camino), de Frankenheimer, Badlands (Malas tierras), de Terrence Malick, The Straight Story (Una historia verdadera), de David Lynch, o An Unfinished Life (Una vida por delante), de Lasse Hallström, por citar cuatro filmadas en distintas épocas. La respuesta no está tanto en la naturaleza de estas miradas sobre la América profunda sino en la evolución del mercado cinematográfico, que desde hace tiempo tiende desmesuradamente a lo urbano y a orillar aquellos relatos narrados con pausa o que muestran a personajes que no representan a la media. Lo señala a propósito uno de los palurdos de Battlecreek, que no puede entender cómo Henry y su amigo, el mecánico negro Arthur (Delroy Lindo), respectivamente enamorados de la poesía y el jazz, pasan las noches charlando “sin tele ni mujeres”. Tiene su explicación, pero no está al alcance de la tribu.

A Arthur lo interpreta sin reproche Delroy Lindo, pero podría haberlo encarnado Morgan Freeman, tan cercano está, en los modos y en el espíritu, a los personajes interpretados por este para Clint Eastwood, discretamente homenajeado por su hija, que sin embargo no imita ni va “a rueda”. La relación confidencial que Arthur mantiene con Henry es un trasunto de la íntimidad que la película intenta establecer con el espectador, tratado con respeto. En las veladas compartidas por ambos se percibe cómo Alison Eastwood deja sitio al espectador, invitado a participar de las cariñosas reconvenciones del mayor (“Lees demasiado y bebes poco”, “Estás viviendo como alguien sin oportunidades») pero también a reflexionar (de los labios de Arthur sale más de un sabio consejo –“Todo hombre ha de aprender a liberarse de sus cadenas”– que no están dirigidos solo a su joven amigo).

Como los personajes de Rails & Ties, los de Battlecreek arrastran culpas, las consecuencias de un exceso de responsabilidad hacia los demás. Alison, verdadera “Woman on the Run”, no quiere complicar a Henry en su incierta y peligrosa huida hacia ninguna parte. Ignorante del mal que se le ha hecho, pero deseoso de conocer la verdad sobre su padre ido, Henry cree que no debe abandonar a su patética y conflictiva madre (Paula Malcolmson), que no solo hereda el nombre de la escandalosa actriz Tallulah Bankhead. Un turbio pasado lastra a Alison, mientras que Tallulah navega hacia el futuro sin más brújula que la que le proporciona el tarot (en sus manos, los naipes o la quiromancia parecen menos una vía de conocimiento que la burda escapatoria de una mujer frustrada). Cada uno a su manera, todos están solos, pero solo Alison y Henry pueden remediarlo; los dos jóvenes toman conciencia de esa posibilidad a partir del momento en que se reconocen a través de sus estigmas. Hijos de la noche, ambos buscarán en el otro su refugio, como hacen los “drifters” de Nicholas Ray; no estamos lejos de They Live by Night, de On Dangerous Ground, de Rebel Without a Cause.

Hasta la llegada de Alison, Henry ha encauzado su sensibilidad a través de la pintura y la poesía. Sus cuadros (que parecen poca cosa, pero que cobran importancia al final la historia) constituyen idealizaciones, materializaciones de sueños propios y ajenos. A su vez, la poesía pone palabras a la experiencia del joven, muy bien retratado por el hijo de Stellan Skarsgård, cuyo rostro nos recuerda, o al menos a mí me recuerda, a los amigos perdidos de la juventud, esos que se quedaron en la cuneta, se quitaron la vida o se perdieron sin dejar rastro.

En los dos filmes de Alison Eastwood, la literatura ejerce como amigo de guardia: en Rails & Ties era la narrativa de London, aquí la poesía de Robert Frost, cuyo memorable Acquainted with the Night (Familiarizado con la noche) aflora en el epílogo como una corriente de conciencia del joven Henry, lo que por un momento acerca Battlecreek a los filmes de Terrence Malick. Henry sabe que las palabras de Frost, aunque hermosas, son prestadas; su mente las deja volar mientras dice adiós al lugar de origen; en compañía de Alison va a iniciar una nueva vida, lo que también implica dejar atrás a sus únicos amigos, no solo Arthur, también el poemario, abandonado a la puerta de gasolinera para que otro lo encuentre, y ese otro solo puede ser Arthur.

Huelga decir que Battlecreek no aspira a ganar el Óscar ni a suceder a Tomates verdes fritos en las parrillas televisivas. Tampoco va a conquistar a la crítica; ya se pueden leer algunos comentarios que la tildan de lenta (?) y poco original, de pobremente escrita. Yo no le encuentro muchos defectos, si acaso cierta perdida de espesor dramático cuando los problemas se desencadenan, lugares comunes casi inevitables (la irrupción de los típicos cabrones de pueblo, dispuestos a aguar la fiesta al desdichado) o la resolución algo convencional de algunos momentos, como aquel en el que Henry, desde el coche, ve cómo Alison se adentra en la playa. También, y como ya sucedía en la primera película de la autora, hay un amplio repertorio de canciones que desempeñan una función conductora y cuya inclusión no siempre es necesaria. Por fortuna, la mayoría son muy buenas, en especial la última, Windows Rolled Down, el ya clásico tema de Amos Lee, que prolonga la última reflexión de Henry y la lleva hacia un territorio de esperanza, aún por explorar. La de la fe que renace es otra historia. Merecería la pena que Eastwood y Anka nos la contaran algún día. ♠

6 comentarios en “Busca tu refugio

  1. Me ha encantado la película. En absoluto me parece lenta , su ritmo está totalmente acorde con Battlecreek, un lugar de la América profunda , donde el lugar y sus moradores tienen pocos alicientes, salvados por supuesto por unos pocos, como Henry, Arthur y una Alison que llega como un soplo de aire a sus vidas, sin preguntas y sin juicios. Me encanta el paralelismo de la piel entre la pareja , uno marcado por una extraña enfermedad y otra marcada por un macarra que se cruzó en su vida. Esta película es de aquellas , como muchas de su gran maestro y padre , que te enganchan y puedes saborearlas una y mil veces. Supongo que, al principio, muchos pensarán: «Otra película de un pueblo de la América profunda , uffffffffff … Creo que ya he visto todo», pero no, personalmente creo que lo que atrapa son las historias y la forma en que se cuentan , con un hilo conductor a través del arte y de la poesía. Fantástico. Del final he de decir que rebobine en tres ocasiones para escuchar el tema de Amos lee , sublime, me recordó el final de una serie que te recomiendo, aunque sé que no eres muy amigo de ellas , que es «Six Feet Under», en la que el espectador se queda reconfortado, imaginando y deseando que comience otra vez. Gracias, Jose

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    • Ya parece lento todo aquello que no esté artificialmente manipulado y «acelerado» desde la sala de montaje. Como ya parece viejo todo lo que esté rodado hace dos días. No vale la pena detenerse mucho en este tipo de comentarios, ya que vienen siempre del mismo lado.

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  2. Supongo que a muchos espectadores actuales les parecerá lenta porque, por ejemplo, no cuenta la relación entre los jóvenes en tres escenas sino paso a paso, con los lógicos rechazos y reticencias de ella, con las dudas y la constancia de él.
    Yo también pensé en Ray mientras la vi. En sus parejas formadas por seres marginales y con un pasado difícil a cuestas, parejas en donde la mujer es el personaje fuerte.

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    • A mí me impresiona la rara fortaleza de él, su lado femenino, creer que pese a todo la gente es bienintencionada, que su oportunidad puede llegar. Menos mal que él cine, ya que no la vida, puede alentar tales creencias.

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  3. Muy buena descripción de una película que me ha cautivado José Andrés. Película de pocos personajes, muy bien descritos. Film intimo, lleno de sensibilidad y delicadeza. No pude dejar de pensar en Ray, creo que al bueno de Nicholas le hubiera gustado.

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