Cambio de fe

El esclavo griego Demetrio (Victor Mature) se encara con el tribuno romano Marcelo Galio (Richard Burton) en una escena del filme basado en la novela histórica de Lloyd C. Douglas

THE ROBE (La túnica sagrada, Henry Koster, 1953)

CONSTA EN TODOS LOS MANUALES: The Robe (La túnica sagrada) ha pasado a la historia como el primer filme comercial rodado en Cinemascope, una novedad sobrevenida, pues originalmente fue concebida en pantalla cuadrada. Poco más puede aportar a la posteridad, ya que el tiempo no ha jugado a su favor ni los fans del cine de espada y sandalia (hoy en franco retroceso) se animan a reivindicarla.

Sobre esta película pesan una serie de lastres que no deben imputarse exclusivamente a su carácter confesional, molesto solo para aquellos que desean barrer la cruz del espacio público. Si no con genio, los albores del cristianismo están bien reflejados en ella, gracias en parte al autor del original, el novelista y pastor luterano Lloyd C. Douglas, mirado siempre por encima del hombro, y al talento de los guionistas implicados, el «blacklisted» Albert Maltz –quien pudo sugerir una analogía entre la contemporánea caza de brujas maccarthysta y la persecución de cristianos en tiempos del poder romano– y el liberal Philip Dunne, cuya pluma está detrás de algunas de las mejores películas del cine  norteamericano.

La combinación de escritores de izquierda y epopeya de tema piadoso (adecuado a la moral conservadora) podía resultar atractiva, sobre todo tras el éxito logrado por Qvo Vadis, donde otro soldado romano se convierte a la fe de Cristo. Pero Darryl Zanuck, patrón de la Fox, cometió un error al poner el proyecto en manos de uno de sus directores menos dúctiles, el alemán Henry Koster, quien cuenta la historia más grande jamás contada como si nada le fuera en el empeño, más atento a la distribución de elementos visuales en pantalla ancha que a las implicaciones políticas del drama religioso.

Visto a través de su mirada burocrática, el relato resulta predeterminado y anónimo, fatal combinación para un filme de estas características, lo mismo que para otro que Koster rodó al final de la década y que, pese a sus limitaciones, prefiero abiertamente: The Story of Ruth (La historia de Ruth). En principio, llama la atención que el personaje protagonista de The Robe (el tribuno romano Marcelo Galio, interpretado por Richard Burton) introduzca la crónica mediante la voz en «off» antes de aparecer en escena, mostrando su escepticismo frente a las conquistas del Imperio Romano. La historia nos será contada, pues, desde el punto de vista de alguien que ha cambiado una fe por otra y cuyo destino ya ha sido decidido.

Su devenir pasa por varios personajes que hacen las veces de jalones en el camino hacia Cristo: la lisiada Miriam, el tejedor, el niño que incomprensiblemente regala su montura a un amigo, el pescador de almas Pedro…, pero sobre todo por un objeto, la túnica de Jesús, que los soldados se jugaron al pie de la cruz y que Marcelo ganó en un sentido totalmente distinto al material. Koster se apoya en el avatar de la prenda (sin sacar partido dramático de ella, cosa que sí hace DeMille con el paño de la esclava hebrea en Los diez mandamientos) y en los personajes episódicos para ir marcando el camino de Marcelo, traumatizado por su experiencia en el Gólgota.

Sabido es que Richard Burton, peleado con todo el mundo, odiaba profundamente el filme; también su interpretación, maltratada por los críticos, sabedores de las querellas internas y de que la productora habría preferido a Tyrone Power; pero quizá otro actor no habría expresado con tanta fuerza la torturada personalidad del romano converso; por fortuna, Koster (quien le había dirigido un año antes en la que para mí es su mejor película, Mi prima Raquel) le tiene como aliado en la resolución de aquellos momentos en los que Marcelo es presa del terror místico. La cálida Jean Simmons logra que Diana, endeblemente dibujada, parezca una mujer de carne y hueso, y Victor Mature, pese a su fama de mal actor, se muestra convincente como Demetrio, el hercúleo esclavo al que volverá a encarnar en la secuela dirigida por Delmer Daves.

Al margen del trío protagonista, el «type-casting» propio de la superproducciones hollywoodenses hace el resto, con Michael Rennie interpretando a Pedro, Jay Robinson animando a Calígula (histérico y desmadrado, como mandan los canones) o el británico Torin Thatcher, con su eterno aspecto ceñudo, haciendo de senador Galio, padre de Marcelo. Justo está en buenas manos, las de Dean Jagger. La única sorpresa (relativa, dado que por entonces solía encarnar a villanos) consiste en ver a Richard Boone dando vida a Pilatos.

No solo los actores disimulan el maniqueo planteamiento y las limitaciones de la puesta en escena. Secuencias como la primera despedida de Marcelo y Diana conmueven, además, por la música de Alfred Newman, que asocia al personaje femenino un motivo lírico de extraordinaria belleza y que por sí solo sublima la inexpresiva dirección de Koster, ayuna de vibración emocional.

Solo en un caso la opaca mirada del director surte inesperado efecto. Me refiero al encuentro nocturno entre Demetrio y un vagabundo –que resulta ser Judas– en una calle solitaria. La ausencia de retórica visual engendra la máxima retórica en el plano semántico, ya que al revelarse la identidad del apóstol las casas forman de pronto un pasillo hacia el árbol donde este habrá de ahorcarse y cuya siniestra figura se recorta, al fondo, contra el tenebroso cielo de Judea .

Me temo que el universo místico de Lloyd C. Douglas tuvo su mejor traductor cinematográfico en Frank Borzage, quien por tres veces bebió en su obra literaria: Green Light (Luz de esperanza, 1937), Disputed Passage (Vidas heroicas, 1939) y The Big Fisherman (El gran pescador, 1959), todas ellas preferibles a esta obra académica, que para mí acredita a Koster como el director alemán menos apetecible de cuantos emigraron a Hollywood. Claro que si se la compara con lo que hizo después (Prometidas sin novio, Regalo para soltero, Dominique), The Robe es casi una obra maestra. ♠

2 comentarios en “Cambio de fe

  1. La película que más me gusta de Henry Koster, es decir, la única que realmente me gusta, es «LA ESPOSA DEL OBISPO», una comedia con una base argumental que pudo haber dado mucho de sí en otras manos menos pudibundas y ortodoxas (pero con la Iglesia hemos topado). En cualquier caso, siempre me ha resultado muy agradable (la presencia de un «angélico» Cary Grant ayuda bastante) pese a que nada se salga del tiesto.
    En cuanto a «LA TÚNICA SAGRADA» esta vez evito desgranar mi opinión sobre ella porque en lo esencial resulta coincidente con la desarrollada en el post.

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  2. Muy dentro de los márgenes se condujo siempre Koster. No sé cómo aguantará «The Bishop’s Wife», pero las revisiones de su director no suelen mejorar (a «No Highway» me remito, por citar una repasada hace poco y que en tiempos me agradó). Una de las pocas que me infunde alguna esperanza es «The Luck of the Irish», tal vez por la presencia de Tyrone Power.

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