Camino del inframundo

Scott Carey (Grant Williams) se enfrenta a uno de los retos de su odisea: la persecución del gato doméstico. La fotografía se debe a Ellis Carter, por aquel entonces especializado en la CF

THE INCREDIBLE SHRINKING MAN

(El increíble hombre menguante, Jack Arnold, 1957)

HIZO DE TODO: comedias, «westerns», películas de intriga y para adolescentes, alguna sátira política, pero no cabe duda de que Jack Arnold será recordado por la serie de filmes fantásticos que rodó en los años 50 y, sobre todo, por uno, The Incredible Shrinking Man (El increíble hombre menguante), una de las obras maestras de la ciencia ficción norteamericana.

Medir su grado de aportación personal a estas películas es difícil. Poco sabemos de sus inclinaciones personales; sólo podemos intuir que aceptaba con profesionalidad los encargos que la Universal le encomendaba; sin embargo, la secuencia cinematográfica descrita por It Came From Outer Space (Llegó del más allá), el díptico formado por Creature from the Black Lagoon y Revenge of the Creature, Tarantula y la película que nos ocupa revelan a un director especialmente dotado para el género y que no puede ser relegado, sin más, a la subcategoría artesanal o a la de surtidor de películas para los autocines (tipo William Castle, para entendernos).

Artesano sí que era, y de los buenos. De otro modo no se entiende un logro como el presente, que algunos (1) han atribuido enteramente al guionista y autor de la novela, Richard Matheson, cuyos argumentos, en mi opinión, caminan muy por delante de su bondad literaria. Es verdad que Matheson procura el pretexto narrativo (refinado considerablemente en el guion), pero no es menos cierto que Arnold sabe conferir a las imágenes una angustia y un poder sugestivo que han garantizado la vigencia del filme más allá de su época, marcada como sabemos por la guerra fría y el terror atómico.

Al margen de las psicosis colectivas, la odisea individual de Scott Carey (Grant Williams) importa más que la explicación científica a la nube radiactiva que rocía su cuerpo al comienzo de la historia. Ni Matheson ni Arnold pretenden que Scott represente a la Humanidad en peligro, sino a un hombre que, sin saber por qué, camina solo hacia el inframundo.

Lejos de buscar la compasión del lector, Matheson describe a Scott como un hombre egoísta, antipático, más amargado que mortificado, a la vez viejo e infantil, que afronta su mal con rabia enfermiza y cuya pérdida de autoestima le lleva a hacer la vida imposible a su familia, en particular a su esposa, Louise, interpretada en la película por April Kent. Arnold tampoco hace de él un héroe pero atenúa esos rasgos negativos (antes de la primera discusión conyugal Scott sugiere a su mujer que lo abandone) y propicia la identificación del espectador con el personaje.

Éste adquiere conciencia de lo que le sucede a través de detalles como la caída del anillo de boda (los esposos cruzan miradas inquietas) o las ropas cada vez más holgadas, percepciones que adquirirán una dimensión monstruosa durante su experiencia en el mundo inferior, donde una humilde caja parece una montaña y una grieta se convierte en cañón. Con todo, el momento más terrible del filme (y hay varios) será el encuentro de Clarice y Scott en el parque, luego de que la enana y el fenómeno se conozcan en un bar próximo a la feria. «¿Sabes?, eres más alto que yo», había observado Clarice para consolar a Scott, quien cree detenido su fatal proceso y acaricia la idea de iniciar una nueva vida con una mujer de su tamaño (en la novela, el deseo sexual crece a medida que el cuerpo mengua y Scott ve agigantarse las formas femeninas con lacerante ansia); pero al levantarse del banco, el hombre comprueba que Clarice le aventaja ligeramente y que el último escalón de su virilidad ha resbalado bajo sus pies.

Los aspectos más pobres de la novela (la relación de Scott con su hija) desaparecen aquí en beneficio del horror cósmico, sondeado por Matheson y Arnold en la segunda parte de la película; ésta se inicia con la persecución del gato y la caída de Scott al sótano, descrito como un desolado anfiteatro en el que, lanza en ristre (en este caso un alfiler), el hombre primitivo vuelve a disputar el espacio y la comida a la bestias antediluvianas, representadas aquí por una araña común.

Matheson no menta en su novela a Dios, sacado a colación en un final de corte existencial y filosófico que pone nerviosos a muchos críticos. Frente al agnosticismo del original literario («para la Naturaleza no existe la nada»), la película exalta, a través del personaje, la consoladora idea de que es el Creador quien ignora el cero, sin hacer discriminación entre lo vasto y lo mínimo. Dudas al margen, yo siempre lo encontré plausible. ♠

(1) El escritor y guionista George Zuckerman, por aquel entonces vinculado a las producciones de Albert Zugsmith para Universal, supervisó el trabajo de Matheson, al que señala como autor del filme amparándose en argumentos corporativos: «You may have seen Wallace Markfield’s New York Times article on his favorite old B movies. He identified The Incredible Shrinking Man as a Jack Arnold film. True, Jack directed it. But it would be closer to the truth to call it a RICHARD MATHESON FILM (he wrote the novel and, with my tutoring, the screenplay)». [Fuente: brightlightsfilm.com]

2 comentarios en “Camino del inframundo

  1. Esta película, con sus imágenes austeras y su tratamiento del sonido, es un magnífico ejemplo de la capacidad del cine para materializar pesadillas. Quizá lo que choca del final es la apertura a la trascendencia, que puede verse como impostada en el marco de las nociones genéricas de modestia y ausencia de pretensiones de «las películas de serie B»; pero es coherente porque lleva a sus últimas consecuencias el proceso que sufre el personaje.

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  2. «The Incredible Shrinking Man» representa un caso excepcional en la vida del espectador: la empiezas a ver de niño, impresionado; revives las primeras sensaciones cuando la frecuentas más tarde y llegas a la madurez asombrado de que la fascinación inicial se mantenga ahí, intacta. Esa es al menos mi experiencia. Por otro lado, creo que ese final cósmico redondea el viaje iniciático de Scott Carey y acaba llevando su aventura (la del hombre solo en el universo) a una cota épica rara vez alcanzada por el cine de CF .

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