Perdido para el mundo

El poeta Vijay (Guru Dutt) y Meena (Mala Sinha), en su imposible idilio lunar

PYAASA (Guru Dutt, 1957)

CLÁSICO INDISCUTIBLE DEL CINE HINDÚ, Pyaasa es la historia de un gorrión herido, el poeta Vijay, que se presenta en actitud contemplativa frente a una naturaleza a la que no puede aportar nada, «salvo temor y lágrimas».

A lo largo del filme, el espectador comprobará hasta qué punto es cierto ese comentario. Vijay es un hombre inútil. Sin empleo ni amor propio, aborrecido por su hermano y compadecido por sus amigos, únicamente posee talento: el don de la palabra, despreciado allí donde solo importan el dinero y la fama. Acostumbrado a nutrir su espíritu, el escritor (encarnado por el propio director, Guru Dutt) debe alimentar también su cuerpo, por lo que, siempre al borde de la mendicidad, acepta humillantes trabajos, llegando a ofrecerse como «coolie».

Vijay solo tiene un benefactor: la mujer, al igual que él vejada y sometida. No es casual por tanto que entre ellas y el poeta exista comprensión mutua, una sensibilidad común frente a la injusticia. Tras perder a su madre, que se lleva al otro mundo la ciega confianza en las virtudes del hijo, Vijay logra el favor de dos hermosas: Meena (Mala Sinha), casada con un hombre rico, y Gulabo (Waheeda Rehman). Las dos mujeres encarnan otras tantas facetas de la prostitución, la legitimada socialmente a través del matrimonio, y la que se proscribe por emanar de la pobreza, no en vano Vijay hace pasar a Gulabo por su esposa a fin de impedir su detención por la policía, escena calcada de El séptimo cielo.

Dutt hace una distinción un tanto fácil entre ambas mujeres (la primera de ellas vende su amor, la segunda sólo su cuerpo), del mismo modo que levanta una barrera algo grosera entre el genio incomprendido y la sociedad hostil en la que se inscribe. Pero ello no resta valor al filme, que fluctúa constantemente entre el drama y la comedia musical, una mezcla aparentemente imposible pero que en manos del director hindú cobra una sugestiva dimensión, a veces onírica.

Sin duda, Dutt es un artista popular. En Pyaasa hay romance, canciones, algún que otro baile y, por su puesto, notas de humor, servidas por personajes episódicos como el masajista Sattar (interpretado por el inevitable Johnny Walker) o la gorda alumna Pushlata, que llega tarde a clase y a duras penas pasa entre los pupitres. Tales arquetipos proceden de las primeras películas del director, cuyo genio había brillado de forma intermitente en títulos como Baazi, Aar-Par o Mr & Mrs. ’55.

Los números musicales de Pyaasa son intermedios fantásticos, balsámicas fugas, respiraderos cómicos o idílicas ensoñaciones, como la que reúne en las nubes a Meena y Vijay. En estos episodios, la cámara se desinhibe y Dutt enriquece el drama mediante trazos coreográficos de hipnótica fluidez. Un ejemplo: la escena de la fiesta ofrecida por el editor Mr. Gosh, en la que Vijay interpreta sus poesías bajo el lema «Busque canciones alegres, encontré canciones tristes». El reproche está inequívocamente dedicado a Meena, sentada en una mecedora. Casi al compás de la música, el director articula «raccords» de miradas (el quejumbroso Vijay, la inquieta Meena, el celoso Gosh), mientras la cámara encadena sucesivos trávelins… hasta que uno de ellos se dirige a la mecedora, de repente vacía.

La mortificación de Vijay por el sacrificio de la belleza llega a su colmo en otra escena musical, si cabe más lacerante. Tras morir su madre, el escritor se emborracha en un bar donde una bailarina es requerida para que atienda a los clientes antes que a su hijo pequeño, que llora en una estancia contigua. Incapaz de soportar tanto dolor, impotente frente al abuso, Vijay hunde la cabeza entre los brazos. Víctima entre las víctimas, el poeta aún tendrá ocasión de experimentar la rapacidad y cinismo del mundo editorial, que tras cerrarle todas las puertas se aprovecha de su (falsa) muerte para hacer negocio.

Dutt se carga de razón a lo largo de la película, lo que no le impide caer en algunas exageraciones heredadas de Vidor y Capra. Así, un grupo de exaltados lectores asalta la imprenta exigiendo una nueva edición de los poemarios, so pena de quemar el establecimiento. En pleno paroxismo, el poeta mártir (efectos de luz blanca sobre su cuerpo) «resucita» ante sus conciudadanos, que se han reunido en un teatro para homenajearle, pero a punto está de ser linchado por sus necrófilos admiradores en una delirante escena donde también la verdad es sacrificada.

Sin embargo, estas hipérboles, así como las forzadas casualidades y la proliferación de números musicales, forman parte de la rica urdimbre melodramática del cineasta de Bangalore, que, no olvidemos, opera dentro de las convenciones de Bollywood. Si en sus primeras películas, el lugar común dominaba el resultado, en las dos últimas Pyaasa y Kagaz ke phool es la personalidad de Dutt la que gobierna y trasciende dichos tópicos. Una maniobra arriesgada de la que el director era plenamente consciente. Lo prueban unas declaraciones en las que parafrasea el comentario de Byron a propósito de Shelley: “En un mundo (la industria del cine) lleno de fórmulas, aquel que se sale de los caminos trillados es como el ángel que bate sus alas en el vacío”.

Puede que esta imagen seráfica encierre la clave de su poética: el ángel caído, el noble en un mundo sin nobleza, tema común a sus dos últimas películas, que como en el caso del norteamericano Robert Rossen son también las mejores. Tras el fracaso, quizá buscado, de Kagaz ke phool, el maestro indio abandonaría la dirección para dedicarse a interpretar los arquetipos que le habían dado fama: un callejón sin salida. Con 39 años precedió a Boris Barnet , que se suicidaría poco después, y cruzó el último umbral. ¿Pero acaso no había dado ya ese paso al comienzo de Kagaz ke phool, cuando el envejecido director entra en un paraíso vacío (los estudios de cine) para contarse y contarnos su historia?

18 comentarios en “Perdido para el mundo

  1. En estos momentos tan complicados, llega tu artículo de Pyaasa. Llevas pensando subirlo desde meses, valió la pena esperar. Describes con acierto el film y a su autor. Dutt siempre estuvo a caballo entre el cine comercial y artístico. El cine clásico popular Indio con Dutt encontró su máxima expresión. Claro que había algo de Chaplin, Vidor, Capra, Borzage… y no creo que Dutt fuese tan poco conocedor del cine clásico americano. En la India, era el que más se proyectaba junto con el cine nacional. Pyaasa está dedicada a su mentor Gyan Murkherjee. Guru era muy amigo de este cineasta apasionado por los clásicos americanos. Pyassa es un cúmulo de aciertos de muchos géneros populares. Un coctel de comedia y melodrama explosivo. Todo está pensado, meditado para tener una función util. Por ejemplo la aparición de la amiga Pushlata. Comienza como una escena cómica para teñirse de melancolía al decirle a Vijay que sus ropas actuales harapientas contrastan con lo elegante que vestia en el pasado. La escena cómica se tiñe de amargura para hacer de puente de tránsito a la reunión de antiguos alumnos. No quiero extenderme, es tu artículo … mi secuencia favorita es cuando Vijay se encuentra con sus hermanos a orillas del Ganges. Ese momento en que descubre que su madre ha muerto. Donde en la distancia, llora amargamente. En esa escena hay dos muertes: La física de la madre y otra espiritual, la muerte familiar al ver el desprecio de sus hermanos. La forma de concluir la escena, con la voz en off de la madre muerta evocando palabras de cariño hacia su hijo es desgarrador.
    Que decir del final, tan abierto a posibles interpretaciones. Tan ambiguo. Tan onírico. Vijay se presenta visualmente como un espectro ante su enloquecida amada y juntos parecen buscar un mundo mejor. El suicido es un tema recurrente en todo Dutt.

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    • Buena culpa de la demora se debe a la certeza, corroborada por tu comentario, de que eres tú quien debería haber escrito este artículo, el que realmente debería hablar sobre Dutt. Yo simpatizo con él por muchas razones, pero tu grado de familiaridad y conocimiento es sin duda mayor. Poco puedo añadir tras leerte. Sus dos últimas obras justifican toda una carrera: «Pyaasa» es uno de los hitos del melodrama y «Flores de papel», la mejor película que un cineasta haya hecho sobre su oficio, infinitamente superior a «Ocho y medio». En mi opinión, naturalmente.

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  2. Siempre has mantenido un tono humilde. Es tu forma de ser, tu comentario está muy bien. Es una maravillosa introducción a Pyaasa. Un abrir de boca, un apunte con gran poder de síntesis. Muy difícil decir tanto en tan poco. Que decir de Flores de papel que no sean elogios. Ocho y medio no es plato de mi devoción. Estamos en una total hermandad cinéfila.

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    • Como bien señalas mi humildad es de tono, ya que en realidad tengo un orgullo satánico, como diría mi querido Rafael Azcona. Y, sí, para eso están estos comentarios, para abrir bocas y despertar apetitos; remover conciencias ya me parece mucho.

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  3. Mientras veía «Pyaasa» me venía a la mente la contemporánea «Les amants de Montparnasse»: un artista incomprendido y menospreciado, varias mujeres prendadas de él, fracaso continuado, miseria, desolación. Aunque Becker está más cerca de la contención y el equilibrio hawksiano y Dutt es más extremado, más desigual, más lírico, más cercano a Vidor y a Borzage.
    El final es puro Borzage: antes de que él aparezca, ella se ha despertado porque sabe, siente, que él llega, así que corre a su encuentro.

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  4. Bien visto. Aprovecho para aclarar que los «excesos» de Vidor y Capra, trasmitidos a Dutt, no me parecen deplorables ni mucho menos: forman parte de sus respectivas dramaturgias y cobran sentido en razón de ellas. Por otro lado, Vidor se cuenta entre mis favoritos y «El manantial», que para mí es la Biblia de todas las utopías individuales, guarda más de un vínculo con «Pyaasa».

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  5. Tuve noticia de Guru Dutt gracias a un artículo de Jesús Cortés y a los comentarios de Marcos. La filmoteca de Cantabria proyectó, cuando la dirigía Enrique Bolado, “Baazi” y “Aar-Par”; pude ver esta última, una película agradable pero que no anuncia los logros de “Pyaasa”.

    Al principio, la discontinuidad narrativa impuesta por las canciones, las interpretaciones sin pulir, crean distancia, hacen que la película parezca más primitiva de lo que es; pero a partir de la escena que comenta Marcos a orillas del Ganges, todas las barreras espaciales o temporales se derrumban. (La única extrañeza que subsiste es la de un país en el que la poesía parece formar parte de la vida cotidiana y popular.)

    Pensando en la película te das cuenta de cómo un punto de partida de melodrama (el protagonista descubre que sus hermanos han vendido sus poemas a un buhonero para reutilizar el papel como envoltorio, y que una mujer los ha comprado porque le llamaron la atención; quizá el poeta sueña que la mujer se enamorará de él por sus versos, y que conseguirá publicarlos) llega al final esperado por caminos tortuosos, muy lejos del cuento de hadas.

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    • Si expurgamos los numeros musicales (ya sería otra película), obtendríamos un triste cuento de hadas como el que cuenta Fejös en «Tavaszi zápor». Se dice que Dutt contribuyó a la edificación de Bollywood, pero rara vez que lo sublimó. El artículo de Jesús, a propósito de «Chaudhvin ka chand», no ha perdido vigencia. Y los comentarios a su comentario, tampoco. Huelga recomendar su lectura.

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  6. De acuerdo en todo, y me alegro de que traigas a colación esa excepcional película de Fejös que descubrí gracias a ti. Como todas las grandes películas, «Pyaasa» nos hace pensar en muchas otras que no tienen por qué tener relación directa con ella. También suscribo la conexión con «El manantial», y con Capra («Meet John Doe»), aunque Guru Dutt sea casi la antítesis física de Gary Cooper.

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    • Puede que sea la antítesis, pero tiene mucho carisma. Un hombre que apetece ver, que transmite cosas. «Es guapo», me dijo el otro día alguien que lo veía por primera vez, casi de refilón. Y a pesar de su éxito (que él sabía superficial), arrastraba dudas, tristeza, incompresión. Para mí era un romántico.

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  7. Como toda gran película, Pyaasa da juego para discernir sobre ella. Me gustaría señalar un par de cosas:
    Las interpretaciones, salvo los actores principales,tienden al primitivismo y la sobreactuación. Dutt reclutó lo mejor que pudo dentro de la mediocridad reinante. Aquí encuentro muchas similitudes con el Buñuel mexicano. Sobre las canciones solamente creo que sobra la de la loción capilar. Las demás, aportan pinceladas a la trama y dan forma al film en el más clásico estilo Bollywood. Para mí el mayor logro está en que dentro de sus defectos, excesos… consigue enamorar al espectador más sensible. Cuanta razón tiene el amigo Pastor… el talento de Dutt como director es llevar a buen puerto un guión desmesurado con actores secundarios precarios. Cada aparición de Vijay, produce una auténtica conmoción al espectador gracias a la genial y sincera interpretación de Guru.
    No es plato de mi devoción Aar-Par.
    Baazi me sigue gustando mucho. Creo que Dutt dejó el mundo en su mejor momento creativo. Me pregunto si podría superar Flores de papel.

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    • No he querido incidir mucho en ello, pero la verdad es que Johnny Walker (que en los documentales habla de sí mismo en tercera persona) me gusta solo a la manera quevediana, esto es, cuando se ausenta. La inclusión en los dramas de personajes graciosos es una especie de impuesto revolucionario que otros han pagado antes (pienso en el cine norteamericano posterior a la Gran Guerra, no digamos ya en los primeros años del sonoro). Cuando quiere, el mismo Dutt resulta más divertido (algunos numeros musicales de películas anteriores los soporto gracias a él, a su sentido del humor y a lo bien coreografiados que están). Por cierto, y sin ánimo de alargar esto, ¿qué nos dices de su denostadísima película de aventuras «Baaz»?

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  8.  Johnny Walker era un tipo formidable como persona pero un mediocre actor. Tuvo la fortuna de caer en gracia en el Bollywood de la época. El cariño de Dutt hacia Walker era de sobra conocido. Al conocerse se dieron (a lo Walsh) la mano izquierda y siempre juntos. José Andrés, tendría que volver a mirar  Baaz, hace muchos años que no le he vuelto a dar otra oportunidad. Mi recuerdo es malo. Algo curioso y que nadie ha mencionado son las similitudes de Vijay con Jesús. Guru Dutt era un hinduista enamorado de nuestro «Nuevo Testamento». Vijay es como Jesús un mártir en un mundo falto de valores humanos. Es un Quijote en una sociedad donde lo importante es lo material. Lo espiritual, su poesía , es etérea. Sólo la prostituta Gulabo (Magdalena) lo seguirá incondicionalmente hasta su «resurrección». Visualmente hay varios planos donde claramente Dutt busca en sus brazos extendidos el símbolo de la cruz.
    Como os he confesado, no me gustan todas las películas de Dutt y para colmo soy un ateo apasionado con Pyaasa.

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    • Sí, congeniaron desde que se conocieron a principios de los 50; a veces la amistad suscita extraños contrapesos. Puede que obdezca a mi aversión hacia graciosos, chistosos y demás histriones, pero a veces Mr. Walker se me hace difícil de tragar. La analogía Vijay-Jesús (que ilumina varios capítulos de «Pyaasa») me confirma en la idea de que deberías escribir sobre Dutt; no te digo un libro porque encontrarías «canciones tristes», pero sí algo.

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  9. Esta película es apasionante sin duda alguna. En el bollywood de cualquier épocas solo he encontrado igual en la obra maestra de Raj Kapoor Mera naam joker y -a un nivel diferente- Dil se de Mani Ratnam. Mi conocimiento del cine indio es muy limitado, me gustaría preguntarle a Marcos dado que parece ser un gran conocedor del cine de este pais si existen algunos cineastas de similar nivel y si existe alguno actual de interés. Saludos

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    • Sin duda es Marcos quien debería aleccionarnos (creo que le encantaba «Mera naam joker»), pero si te sirve una opinión menos experta, te sugeriría visitas a Kaul, Goshe, Aravindan, Sen (Mrinal y Aparna, ignoro si Asit), Dutta, Benegal (pariente de Dutt), Abraham, Reddy… eso por no mencionar a los clásicos: Ghatak, Ray, Roy, Khan, el citado Kapoor, Tarafder, Kar, Sinha…

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  10. Todas las recomendaciones de José Andrés son válidas Manuel. Me parece por tus gustos que tiras más por el cine de Bollywood, con sus estructura de música, baile, comedia, drama… que por el cine bengalí, bastante más serio. Películas como Pyaasa, Mera naam joker… son únicas. Llevo la tira de años atesorando cine indio y puedo asegurar que en general es muy malo hasta en su período clásico. A mí por su argumento y por su hermandad con Dutt me gustó mucho Guide de Vijay Anand. De Raj Khosla apreció su primera etapa. Shantaram sobre todo los melodramas ee los años 30 y 40. Tarum Majundar es otro cineasta muy curioso. Hizo cine bengalí muy interesante pero al estilo Bollywood clásico. Suelo defender siempre a Hrishikesh Mukherjee. Era muy irregular y estaba en el sistema de cine comercial Bollywood. Sus películas son muy irregulares. Pero en su primera etapa hizo films muy estimables y queridos en la India. Hrishikesh Mukherjee nunca tuvo el valor de Dutt para romper con el cine comercial. A mí me desquicia hasta en sus mejores films. Actores mediocres, música superficial y sobrante pero de repente surge la calidez que demuestra lo válido que pudo ser.
    Una vez te pregunté José Andrés por cineastas suecos buenos a descubrir. Tú me decías que lo bueno ya estaba descubierto. En el cine indio pasa casi lo mismo. Los que señalas, me alegro de que te acuerdes, son los mejores. Asit es un poco mejor que la media de su época.

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