Un hermano de la costa

Peyrol (sensacional Anthony Quinn) intenta forzar un candado para acceder a la bodega de la tartana, desoyendo los ruegos de Arlette, en la adaptación de The Rover, de Joseph Conrad

L’AVVENTURIERO (El aventurero, Terence Young, 1967)

«NADA PUEDE DETENER AL HOMBRE QUE HA RECIBIDO LA SEÑAL DE LA MUERTE». Es la solemne reflexión que se hace la viuda Caterine en las páginas de The Rover, la última novela de Joseph Conrad, publicada en 1923. De sus palabras se colige que no será ella, sino la parca, quien despose a Peyrol, bucanero francés que ha vuelto de ultramar mientras se libran las campañas de Napoleón, cuyo catalejo ya apunta a Egipto.

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Qué amargo es vivir

Marcello Rubini (Mastroianni) y Sylvia (Anita Ekberg) en la Fontana di Trevi. La actriz defendió hasta el final que fue ella quien hizo famoso a Fellini y no al revés

LA DOLCE VITA (Federico Fellini, 1959)

LA HISTORIA DE LOS EQUÍVOCOS que rodean a La dolce vita arranca de las fechas previas a su rodaje. Contra el deseo de los productores, Federico Fellini se negaba a rodar secuelas o continuaciones de las películas que habían cimentado su éxito, en particular I vitelloni (Los inútiles, 1953), La Strada (1954) y Le notti di Cabiria (Las noches de Cabiria, 1956), cuyas segundas partes le demandaban las mismas personas que en su día se habían resistido a financiarlas.

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