Escrito en la montaña

Ejvind (Victor Sjöström) escruta las montañas tras despertar junto a Halla (Edith Erastoff)

BERG-EJVIND OCH HANS HUSTRU (Los proscritos, Victor Sjöström, 1917)

SU ÚNICA LEY ERA EL AMOR. Con esta leyenda concluye Berg-Ejvind och hans hustru, una de las obras maestras de Victor Sjöström y, por extensión, de la historia del cine.

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Falso culpable

El teatro del destino: Ann (Karen Caspersen) y «Strong Henry» (Benjamin Christensen), en una escena del filme  protagonizado por este último y fotografiado por Johan Ankerstjerne

HÆVNENS  NAT (Justicia ciega, Benjamin Christensen, 1916)

EN LOS ALBORES DEL CINE, mucho antes de que la crítica empleara la palabra autor, apareció alguien que no solo dirigía sus películas, sino que también las escribía, montaba y protagonizaba, tras lo cual cogía trenes y barcos para comercializarlas en persona.

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Viajes y sueños del Dr. Kammacher

Kammacher (Olaf Fønss) descubre otro mundo bajo la cubierta del Roland. G. Hauptmann exigió total fidelidad a su novela, publicada un mes antes del hundimiento del Titanic

ATLANTIS (August Blom, 1913)

No había pasado un año desde el hundimiento del Titanic cuando la primera potencia cinematográfica de Occidente, Dinamarca, estrenó Atlantis, donde se recreaba sin disimulo aquella tragedia. La Nordisk Film Kompagni recibió no pocas críticas por explotar el reciente drama, pero la madre de todas las productoras venía abordando asuntos sensacionales desde su fundación en 1906, por lo que ahora no iba a pedir excusas.

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Esclava de Cartago

Cabiria (Lidia Quaranta) es confiada a la predestinada reina Sofonisba (Italia Almirante-Manzini), cuyos terribles sueños, enviados por el dios Moloch, se anuncian de fondo

CABIRIA (Giovanni Pastrone, 1914)

OBJETO DE INNUMERABLES RESTAURACIONES Y REEDICIONES (las primeras se remontan al periodo mudo), Cabiria es una de las películas más influyentes de la historia. El kolossal de Giovanni Pastrone anuncia a Griffith y a DeMille, Intolerancia y Los diez mandamientos, el Lubitsch histórico y, claro está, todo el peplum venidero. Fue, además, una de las primeras obras que ensanchó el horizonte narrativo del cine, llevando su duración a las tres horas, algo impensable en su época, pero consonante con las ambiciones del proyecto.

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Las mil y una máscaras

René Navarre, inolvidable Fantômas, uno de los muchos alias utilizados por el genio del crimen cuyas andanzas novelaron Marcel Allain y Pierre Souvestre entre 1911 y 1913.

FANTÔMAS (Louis Feuillade, 1913-1914)

ANTES DE QUE EL EXPRESIONISMO ALEMÁN nos familiarizara con los más aviesos criminales, el director francés Louis Feuillade sentó cátedra en la segunda década del siglo XX con dos seriales irrepetibles, Fantômas y Los vampiros, a los que siguieron otros no menos sensacionales como Judex, Tih Minh, Vendémiaire o Barrabas. El conjunto de estas obras cubre el intervalo cronológico de la Primera Guerra Mundial y en ellas Feuillade mostró su don para el misterio, género que ocupa el pináculo de su producción, formada por casi 800 títulos rodados entre 1906 y 1924.

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