A través de un cristal polvoriento

Un romance de otro tiempo: Su Li-zhen (Maggie Cheung) y Chow Mo-Wan (Tony Leung)

FA YEUNG NIN WA (Deseando amar, Wong Kar-wai, 2000)

LO DIJO EL PROPIO WONG KAR-WAI a los periodistas que le entrevistaron a su paso por el Festival de Cannes de 2001, donde presentó Fa yeung nin wa (para el público de habla inglesa In the Mood for Love, para nosotros Deseando amar): “No hay nada excepcional en el moderno cine asiático, no ha surgido entre nosotros un Ozu o un Kurosawa, pero en conjunto somos mejores”.

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Phantom of the West

DON’T COME KNOCKING (Llamando a las puertas del cielo, Wim Wenders, 2005)

LA MUERTE DEL VIEJO OESTE produjo una cultura que en principio se creyó testamentaria o, como estaba de moda decir hasta hace poco, «crepuscular». El paso del tiempo ha revelado que, en realidad, se trataba de un filón creativo, una manifestación que lejos de ser efímera ha llegado hasta nuestros días (aunque cabe preguntarse lo que son «nuestros días») con películas como Brokeback mountain o Hi-Lo Country.

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Novios de la muerte

Entre cerezos: Matsumoto (Hidetoshi Nishijima) y Sawako (Miho Kanno) yerran por la naturaleza en una de las historias que componen la película, inspirada por el teatro bunraku

DOLLS (Takeshi Kitano, 2002)

TIENE RAZÓN TAKESHI KITANO cuando afirma que Dolls es más cruel que cualquiera de sus violentos filmes anteriores, en especial Brother.

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Honrarás a tu padre

Iniciación tardía: El padre (Konstantin Lavronenko) enseña a sus hijos a sobrevivir en la nauraleza antes de que hayan podido hacerlo en la sociedad.

VOZVRASHCHENIYE (El regreso, Andrei Zvyagintsev, 2003)

EN UNA ÉPOCA EN LA QUE LOS PREMIOS CULTURALES se han convertido en mercadería, el León de Oro del Festival de Venecia todavía atesora algún crédito. La historia del cine debe tranquilizar a los responsables de la muestra italiana, que no sólo reconoció en su día a maestros como Mizoguchi, Dreyer y Kurosawa, sino que contribuyó a que muchas obras, primerizas o interrumpidas, arrancasen o tuviesen continuidad.

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El país del agua

Alexis (Nikos Poursanidis) y Eleni (Alexandra Aidini), en una escena de la película inaugural de un trilogía que quedó inconclusa tras la muerte del director griego en 2012.

TO LIVADI POU DAKRYZEI (Eleni, Theo Angelopoulos, 2004)

HOY LLUEVE INCIENSO, pero Theo Angelopoulos no fue siempre santo de la devoción cinéfila. Cuando a mediados de los años setenta presentó su célebre O Thiassos (El viaje de los comediantes) se produjo un sordo enfrentamiento entre quienes que creían haber descubierto un genio y los que hablaban de un mayúsculo «bluff», no en vano la citada década fue pródiga en ellos.

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Genio se escribe con B

Ante el atril, Ed Harris, enésima encarnación cinematográfica del gigante de Bonn, de cuyo nacimiento se cumplen 250 años. Ya puede hablarse de un aniversario maldito

COPYING BEETHOVEN (Agnieszka Holland, 2006)

ENTRE LOS GÉNEROS CAÍDOS EN DESGRACIA sobresale uno: las biografías cinematográficas de grandes compositores, denostada mercancía que une en la ira a los cinéfilos y a los melómanos. Un común rechazo basado por lo general en prejuicios: es cierto que en este campo se han perpetrado grandes disparates, pero en el otro lado de la balanza pueden colocarse algunos bellos melodramas y películas valiosas, como la mayoría de las dedicadas a la familia Bach.

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