Un atleta de primera

Qué no haría un enamorado por su chica: Ronald (Buster Keaton) se enfrenta a una de tantas pruebas deportivas para demostrar que pertenece a la flor y nata de la juventud americana

COLLEGE (El colegial, Buster Keaton n. a. y James W. Horne)

FIGURA EN LOS MANUALES: la querencia del movimiento surrealista por el cine cómico americano alcanzó su máximo apogeo con Buster Keaton y, una vez que éste fue sacrificado en el altar del sonoro, con los irreductibles hermanos Marx, que para ser exactos no militaban en el universal bando cómico, sino en el suyo propio, el marxiano o marxista, pródigo en secesiones fraternas.

En España, los miembros de la Generación del 27 y sus epígonos de la Residencia de Estudiantes mantuvieron viva la llama de Keaton hasta bien entrada la década de los 30, y tanto Buñuel como Lorca como Alberti dedicaron encendidos elogios a una figura que por aquel entonces era conocida entre nosotros con el bobalicón apodo de Pamplinas.

Una de las películas más apreciadas por aquellos espíritus inquietos fue College (El colegial), hoy eclipsada por otras que gozan de mayor fama como Sherlock Jr., Seven Chances y The General, su inmediato precedente. Buscar las razones de ese oscurecimiento en la ausencia de Keaton tras la cámara sería un disparate, ya que, como es sabido, éste rodó la mayor parte del filme, mientras que el director acreditado (el ubicuo y generalmente eficaz James W. Horne) fue un simple auxiliar, bastante innecesario en opinión de Keaton, cuya personalidad domina todo el metraje.

Conviene recordar, además, que entre las películas de Keaton no dirigidas oficialmente por Keaton figuran algunas de sus obras más personales y brillantes como Steamboat Bill Jr. y, sobre todo, The Cameraman, firmadas respectivamente por Charles Reisner y Edward Sedgwick. Ahora bien, la exaltación del genio de Keaton tampoco debe llevar a desmerecer o pasar por alto la contribución de estos y otros realizadores que trabajaban como “copilotos” del maestro y cuya aportación a sus películas se dio en un grado no siempre fácil de precisar. Hablo de Edward “Eddie” Cline, John C. Blystone, “Fatty” Roscoe Arbuckle (que sí tenía su propia idea cómica, opuesta en muchos sentidos a la del maestro), Clyde Bruckman, Malcom St. Clair  o el gran Donald Crisp.

Que se sepa, Horne sólo colaboró una vez con Keaton, presuntamente convencido por la mezcla de humor y acción que aquél había exhibido un año antes en The Cruise of Jasper B. (El pirata de los dientes blancos), un vehículo para la estrella Rod La Rocque. Aún estaban por llegar sus grandes aportaciones a la pareja Laurel & Hardy, seguidas por una docena de seriales (algunos tan divertidos como The Spider’s Web) en los que se especializó al final de su carrera. Tanto si Horne aceptó ser un mero operario como si quiso imprimir algo más que su nombre a College, el timón quedó en manos de Buster, quien confirió a la obra su genuino sentido del “gag” y la impasibilidad que caracterizó a su personaje desde las primeras comedias con Arbuckle.

Basta comparar College con The Freshman (El estudiante novato) para apreciar una diferencia sustancial dentro del cine cómico realizado en las postrimerías del mudo. Para Harold Lloyd, los estudios superiores eran una secuencia de obstáculos puestos en su carrera hacia el triunfo, perseguido tenazmente por el americano ingenuo e infatigable al que representaba. Para Keaton, en cambio, la institución universitaria desplegaba ante el hombre inteligente el vía crucis de la superación a través del deporte, visto como una tiránica secta donde sólo pueden entrar los sanos, los elegidos, los adorados por el sexo opuesto y por una sociedad neopagana que aprecia más al atleta que al artista.

El antihéroe de Keaton no deseaba el triunfo a menos que éste lo avasallara con sus dulces argumentos. Y cuando esto sucedía, después de innumerables persecuciones, batacazos y hecatombes, el reconocimiento del prójimo carecía de importancia en comparación con la conquista del corazón femenino; no de todas las mujeres, sino de una sola, ya que para el humilde las desgracias llegan en aluvión y la dicha es un fenómeno singular, acaso irrepetible. Al cabo de un siglo, la idea de Keaton y su expresión cómica siguen vigentes.

2 comentarios en “Un atleta de primera

  1. Enhorabuena por el texto. El personaje de Buster Keaton fue siempre un inadaptado, alguien que se movía por motivos ajenos a los que impulsan a los demás, que hacía difícil lo fácil, y fácil lo imposible. Lo más sorprendente de «College» es el final, que sigue resultando atrevido incluso hoy: una burla de los finales felices, con una mirada de extraterrestre sobre la futilidad de los deseos y logros humanos.

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    • Muchas gracias. Lo que acababa haciendo el personaje de Keaton era llevar hasta las últimas consecuencias los principios americanos de competividad, agresividad y propósito de «echar de la arena» al adversario, importados hoy a todos los países y esferas. Pero supongo que te refieres al final-final. Es alucinante cómo se despacha una vida matrimonial en cuatro planos fugaces, pasando del altar a la tumba sin que medie otra cosa que la rutina, el tedio y la vejez. Ni Welles llegó a tanto.

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